Llevo un par de días dándole
vueltas a esto:
Haibane Renmei es una serie
especial. No por lo que cuenta, sino por lo que deja flotando después.
Hay una parábola sobre el pecado
que, en apariencia, suena simple: quien se sabe pecador no es un pecador; “es
el círculo perpetuo del pecado”. Pero cuando te detienes a pensarla, se abre la
consciencia.
El verdadero pecador no se sabe
pecador. Está convencido de que sus actos están justificados, de que no
deberían tener consecuencias. Vive en una especie de inocencia falsa, cómoda,
cerrada.
En cambio, quien se reconoce
pecador sufre, y ese sufrimiento no es castigo, es autoconciencia. Una cualidad
profundamente humana es el arrepentimiento, pero este solo existe cuando se
sabe responsable. Si no hay consciencia, no hay arrepentimiento.
Todo eso cabe en una escena de no
más de tres minutos.
Eso es lo tremendo.