Hay un gran peligro que el varón no está viendo con el auge de las redes y de la IA.
¿Recuerdan la vida antes del internet? ¿Recuerdan cómo era consumir nopxr? Tenías dos opciones: la primera, que te pasaran una revista prestada por el amigo de un primo. Si eran videos, ir a un puesto pirata, llevarte bien con el vendedor para que te dejara ver su caja secreta de discos sin portada. luego llevarlo a casa, conseguir un DVD y meterlo al cuarto sin que nadie se diera cuenta. Todo ese trabajo hoy no existe. Ver nopxr ahora cuesta dos clics que se dan en nanosegundos.
No se conversa en la calle ni entre amigos. Ha cambiado radicalmente la visión del varón sobre el cuerpo de la mujer y la forma en que se interactúa con ellas.
Tengo amigas; como varón es raro decirlo: “Tener amigas”. Pero al ser escritor, una de las cosas que más hago por oficio es hablar con todo tipo de gente para obtener perspectivas que no me pertenecen y escribir desde ahí. La mujer hoy enfrenta dos ideas recurrentes: “Ya no hay hombres” y “Mi ex es un idiota”.
El motivo de escribir este texto es lo sorprendente que ha sido encontrar un patrón en por qué estas mujeres han discutido y terminado sus relaciones. Los tres casos corresponden a mujeres exitosas: profesional, social y emocionalmente; personas completas. Los hombres dijeron exactamente las mismas palabras:
“Es que ya no me gustas porque eres neg*rx”.
Palabra por palabra. Tres hombres, tres mujeres, la misma discusión.
Cuando me lo dicen. Se me despierta una curiosidad casi científica: ¿y de qué color es ese güey? Resulta que es igual o más “neg*rx” que ellas y sobre todo feos.
¿Qué está pasando con la percepción del varón sobre lo femenino? La respuesta, para no irme por las ramas, es obvia: el sistema nos está friendo el cerebro a base de nop*xr, apuestas y TikTok. No es nada nuevo.
Nunca lo había sentido tan cercano. Desde que nacemos vemos películas donde los blancos son los buenos y la más bonita es la más blanca. Pero llegaba un punto en el que la gente se hacía adulta, maduraba y se enfocaba en otras cosas más allá de la belleza: el trato, la convivencia diaria, las acciones de cuidado y, claro, coger con regularidad.
Ahora estamos entrando en un círculo vicioso moderno: trabajamos tanto que no convivimos con otras personas ni nos relacionamos sexoafectivamente. Si solo tienes dos horas al día para ti, quieres comer y dormir. Si aparece la pulsión, masturbarte, pero siempre con una imagen idealizada que te fríe el cerebro y te hace ver a las mujeres reales insuficientes.
Trabajas para aspirar a mujeres que no existen: actrices, modelos y ahora imágenes generadas proceduralmente. Entonces nos anulamos por completo y la sociedad, en conjunto, se va a la verga. La mujer hoy concluye: “Ya no hay varones”.
El futuro se ve distópico: guerras, muerte, Tick Tock apuestas y masturbación compulsiva. Este no es lo que el futuro que la modernidad prometió.