No sé lo pregunté, me lo confesó.
La chica con la que desayunaba dulces había muerto.
La vi hace un año o dos, o tres, o cinco
Perdí la cuenta después de la última canícula.

Gritó mi nombre, seguido de un abrazo breve, como el filo de sus cejas.
Espontáneamente preguntamos “¿cómo te va?”
¿Le hablaría de mis crisis de ansiedad,
de las cicatrices en mis brazos,
de la muerte de mi perro,
del divorcio de mis padres,
del río al que no salté,
de los carros que no me atropellaron,
de las pastillas que vomité o
del mes y medio en el psiquiátrico?

Preferí la respuestacómoda: “bien”
¿Cómo te sientes? Solía preguntar después

Le hablaba de mis clases en el bachillerato,
De mis sueños en motocicleta,
De la primera vez que escuché a Coltrane,
De mi poesía infantil, llena de chamoy y errores ortográficos,
De las películas que todos conocen menos yo,
De lo bonita que se veía,
y por supuesto
De los dulces por desayunar.

Tantos lenguajes del amor,
El suyo, enseñar.
La poesía verdadera vive entre las pausas, Cada coma, cada punto.
Es el momento donde el cerebro conecta con la verdadera verdad,
Si logras entenderlo, trascenderás como escritor, serás poeta y si tienes suerte, artista.

Hay más de ella en mí de lo podría imagina,
los que se saben bien queridos, tienen las peores formas de decir adiós.

¿Quieres hacerme el favor de callarte? Abrázame como me enseñaste: Cadera relajada, Codos sueltos y en la espalda, Los brazos en forma de cruz.

Alguien le dijo que iba tarde,
No recuerdo a dónde,
No recuerdo quién.
Yo también iba tarde,
No sé a dónde,
No sé con quién.

Me hubieras invitado a tu muerte, Llegaría en esmoquin y gafas de sol,
Escondido tras un árbol, celebraría la muerte de la niña y el nacimiento de la Reina Axolote
En la tumba: flores, hotcakes y dulces para desayunar.

DINOSAURIO.DK
FB IG